INSTITUCIONALIZAR EL CONOCIMIENTO: ETAPAS EN LA TRANSFORMACIÓN ORGANIZATIVA
Impulsar y acompañar una transformación organizativa no deja
de ser un proyecto innovador en el seno de una entidad y, como innovación, pasa
por distintas etapas. Estoy segura de que en el ámbito teórico están muy
estudiadas, pero es desde la propia experiencia y la vivencia desde donde
destacaría los siguientes momentos:
Primera etapa: La intangible
Es aquella en la que la persona o las personas que empiezan
a hablar sobre una posible transformación organizativa tienen una visión, una
intuición, de una necesidad u oportunidad de organizarse de manera diferente.
La visión es aquello que no existe en el presente, es lo que
te proyecta y te guía hacia el futuro, marcándote una dirección hacia la que
avanzar. No necesariamente llegaremos a la visión, ya que esta a menudo es como
el horizonte: cuando te acercas, sigue alejándose.
La intuición no es un pensamiento racional ni consciente,
son sensaciones en nuestro cuerpo: en el estómago, en el corazón, en la piel...
y estas sensaciones nos llevan a un pensamiento, a una decisión. Son
sensaciones físicas que, gracias al conocimiento que tiene nuestro cuerpo, nos
indican (aunque no sea de manera racional) que aquello que sentimos tiene algún
sentido y que, por tanto, puede valer la pena hacerle caso.
Así pues, a esta etapa podríamos llamarla etapa
inconsciente, sensitiva, intangible...
Segunda etapa: El momento de tangibilizar
Es aquella en la que es necesario empezar a tangibilizar las
ideas: ponerlas en común, abrir el proceso, recoger el máximo de puntos de
vista, de voces, generar un proceso colectivo para diseñar conjuntamente cuál
es el modelo al que se quiere llegar.
Este modelo ya no es el horizonte, es la cima que queremos
alcanzar aunque no tengamos claro el tiempo que necesitaremos, o lo que nos
encontraremos por el camino, para llegar a ella.
En esta fase, podemos pensar que el tiempo necesario para
llegar es un tiempo concreto, determinado, pero a medida que avancemos
tomaremos conciencia de que transformar una cultura organizativa requiere
tiempo: ¿mucho? ¿Poco? Es relativo. Recuperando una idea que había leído sobre
la variable tiempo en la ciencia de la complejidad, el tiempo deja de ser una
simple variable matemática para pasar a formar parte del propio proceso.
Tercera etapa: La puesta en marcha
Una transformación organizativa no es una bombilla que
puedas encender (y apagar) con un interruptor. Es un cambio de frecuencia, de
ritmo, de órbita de un conjunto de personas que forman una determinada
organización. Así pues, es el momento de empezar a caminar, intentando aprender
a hacerlo tal como se ha decidido que se quiere hacer. Esta etapa está llena de
dudas, de resistencias, de dificultades, de desconocimiento... y, más que
explicar, es necesario que alguien o algunas personas se pongan al lado ayudando,
acompañando a coger el ritmo y a entender la manera en que se ha decidido que
se quiere trabajar.
Este no es un rol sencillo y necesita la confianza de la
organización, a la vez que también apoyo y acompañamiento externo. El
acompañamiento a personas, a equipos, a las propias personas que acompañan...
acaba generando dinámicas que se van repitiendo a pequeña, mediana y gran
escala dentro de la organización: dinámicas fractales.
Esta tercera etapa es delicada por muchos motivos: por el
tiempo que se necesita, por los propios anticuerpos que genera la misma
organización al implementar un nuevo sistema desconocido dentro de sus
dinámicas, por las incertidumbres que se destapan y porque cuando te acercas al
horizonte, este se aleja.
Todo este acompañamiento debe venir desde un lugar concebido
ad hoc para impulsar y acompañar toda esta transformación... por parte
de personas que sigan sintiendo en el estómago, en el corazón, en la piel... el
sentido de todo ello, y sigan vislumbrando el horizonte.
Esta etapa empezará a consolidarse cuando veamos que las
dinámicas, el ritmo, la órbita de la organización ya empiezan a funcionar por
sí mismas.
Cuarta etapa: Consolidar el conocimiento e
institucionalizarlo
Hasta llegar a esta etapa, habrá pasado bastante tiempo,
habrán pasado muchas cosas, habremos tropezado unas cuantas veces, de las que
nos habremos levantado, y habremos enfocado las cosas de manera diferente para
seguir avanzando.
Todo esto es conocimiento que la propia organización ha
generado, conocimiento que era imposible escribir de antemano. Había que
recorrer el camino durante todo este tiempo. Ahora sí empezamos a ver la cima;
por tanto, es momento de mirar atrás y escribir, estructurar, procedimentar,
explicar, transferir, incorporar a la estrategia y también a la propia
estructura de la entidad: institucionalizar todo este conocimiento nacido desde
la propia práctica organizativa.
Será de esta manera como aseguraremos que la organización
consolida el aprendizaje realizado, y que este pasa a formar parte de su nueva
cultura organizativa.
Es el momento de cerrar el primer bucle, el primer gran
círculo de conocimiento.

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