¿DEJAS HUELLA O SOLO HACES RUIDO? DE LA TRANSFORMACIÓN AL IMPACTO
En el presente texto compartiré ideas y reflexiones recogidas en el congreso de Plena Inclusión, celebrado los pasados 6 y 7 de noviembre en Sevilla. Estas se centran en un cambio de mirada organizacional que sitúa a las personas a las que acompaña el Tercer Sector en el centro de las decisiones que se toman. Esto supone impulsar una transformación desde un modelo más asistencial hacia un modelo centrado en la persona, de liderazgo compartido, en el que las personas atendidas pasan de un rol de receptoras a un rol de agentes de cambio. Pero la transformación por sí sola no es suficiente, también es necesario poder medir el impacto.
La medición del impacto se convierte en una herramienta estratégica, no solo para evaluar, sino para orientar la acción y la dirección, poniendo énfasis en la escucha activa de los grupos de interés y la definición de indicadores claros.
Nos interesará poder medir cuál es el impacto real en las personas a las que se acompaña, y por eso nos preguntamos si “realmente dejamos huella o solo hacemos ruido”.
“Cuando se comparte el poder, el impacto se multiplica”.
El liderazgo compartido es una de las estrategias más potentes para la transformación y también para generar impacto.
Pudimos conocer experiencias en las que las personas acompañadas y sus familias pasaban a formar parte también de espacios de decisión de las organizaciones, generando un efecto multiplicador en los proyectos. Como explicaba una de las ponentes: que personas con discapacidad formen parte de la toma de decisiones de las organizaciones era parte de una apuesta estratégica de su entidad, y en concreto aportaba: legitimidad en la toma de decisiones y conocimiento de causa; efecto de referencia, tanto interna como externamente; mejora de la eficacia en el diseño de soluciones y aumento del sentido de pertenencia en el proyecto.
Este sentido de pertenencia es mucho más bajo en un programa diseñado desde
fuera y sin involucrar a las personas a las que acompañamos. Como nos decían,
se trata de pasar de un modelo de trabajo “para ellos” a uno que construye “con
ellos”.
Cambio
de mirada
A menudo, la transformación más profunda no está en un nuevo programa, servicio o en un nuevo organigrama, sino en un “cambio de mirada”. El verdadero impulso del cambio organizativo o social nace de hacernos preguntas y tomar conciencia. Preguntas como: ¿cómo miro yo al otro?, ¿cómo me miro a mí mismo?, ¿desde qué posición?
Debemos tener una mirada atenta, respetuosa y humilde. Para mirar bien,
necesitas que “quien te haga de maestro te tome de la mano y te acompañe”.
De hecho, la verdadera semilla del cambio en las organizaciones proviene de este cambio de mirada hacia la diversidad de personas que las conforman. Este cambio de perspectiva es, en esencia, el requisito previo para poder compartir el poder de manera real, ya que nos obliga a preguntarnos si realmente estamos dispuestos a hacerlo reconociendo al otro tal y como es.
“¿Dejas huella o solo haces ruido?”
Medir el impacto es uno de los grandes retos del sector. Una idea interesante es entender el impacto como una “huella”: un cambio real y tangible en la vida de las personas como resultado de nuestras acciones. Un cambio que perdura cuando los proyectos han terminado.
La pregunta crítica que debemos hacernos constantemente es si nuestras iniciativas dejan esa huella o si solo generan ruido, y para responderla tendremos que avanzar en la medición del impacto. Algunos aspectos que debemos tener presentes son: preguntar y escuchar a las personas a las que acompañamos y que, por tanto, son destinatarias de nuestra intervención: ¿qué es realmente importante para ellas?
Así mismo, para medir el impacto debemos tener claro el propósito: a
quién va dirigida la información; debemos escuchar la voz de todos los grupos
de interés; es mejor recoger pocos datos, pero que sean realmente importantes y
útiles; y debemos ser coherentes y transparentes con el resultado que
obtengamos, “salga lo que salga”. Así pues, será importante poder reconocer
tanto los impactos positivos como los negativos.
Otro concepto interesante es preguntarnos por la profundidad del impacto: cuál es la intensidad del cambio que generamos, su durabilidad, si es un cambio estructural o no, si impacta en diferentes esferas de la vida de las personas...
Y por último, velar para que los datos complementen el relato humano, pero que
no lo sustituyan.
Liderazgo
basado en valores
“Los valores están siempre presentes en todas nuestras actuaciones, y toda acción se puede explicar por los valores que la fundamentan”. Se nos sugería preguntarnos a quién reportamos más dentro de la organización, para ver hacia dónde enfocamos más nuestras acciones. Debemos dedicar tiempo a los valores que realmente importan.
“El liderazgo basado en valores se sustenta en la fe en lo que estás haciendo,
en la misión que debes cumplir y en las personas a las que debes servir”.
Así pues, cuando hablamos de liderazgo basado en valores nos referimos a que estos deben guiar realmente lo que hacemos, no pueden ser solo discurso, sino que debe haber coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos.
“Si cambiamos el inicio de la historia, cambiaremos la historia”.
Esta cita estaba enmarcada en una conferencia sobre atención temprana, pero realmente creo que es extrapolable a diferentes ámbitos.
Es también interesante como reflexión para enfocarnos hacia un cambio más
profundo, sistémico y proactivo: en lugar de buscar soluciones a problemas
existentes, enfocarnos en transformar las condiciones y patrones iniciales.
Puede parecer una idea sencilla y obvia, pero a menudo, ante un problema o
dificultad, dedicamos nuestra energía y esfuerzo en resolverlo y no en transformar
su origen, el patrón que lo ha generado.
Así pues, trasladado al plano organizativo, si realmente queremos generar propuestas e impactos diferentes, debemos trabajar para transformar las condiciones iniciales, por tanto, estructura y dinámicas organizativas, desde las que se construirán esas propuestas diferentes.
Estas son solo algunas de las ideas y reflexiones compartidas en el congreso... que podríamos resumir con la siguiente gran idea:
El impacto social comienza con un cambio de mirada y un cambio profundo y
sistémico dentro de las propias organizaciones: nuevas maneras de trabajar, de
compartir poder, de reconocer e integrar la diversidad... Será necesario medir
el impacto real que generamos para orientar que nuestras acciones contribuyan a
la misión de las entidades de las que formamos parte.

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